Gastón Roitberg

Gastón Roitberg: Infodemia por aquí, infodemia por allá

19 may 20

Gastón Roitberg es secretario de redacción digital de La Nación y profesor titular de la Maestría en Periodismo de La Nación y la Universidad Torcuato Di Tella. Coautor de los libros Nuevos desafíos del periodismo (Ariel-Adepa, 2014) y Periodismo disruptivo. Dilemas y estrategias para la innovación (La Crujía, 2015). Se suma al ciclo “Pandemia: las palabras y los signos de estos tiempos” con el neologismo “infodemia”.

 

Por Gastón Roitberg

 

El neologismo no salió de uno de esos tituladores crónicos que habitan las redacciones periodísticas de todo el mundo ni de los políticos de turno en su intento por desprestigiar a los medios que controlan su poder coyuntural. Fue popularizado por el mismísimo director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una columna publicada en el diario El País de España el 18 de febrero pasado, cuando la entidad declaró la pandemia de coronavirus y, además de luchar contra la enfermedad, comenzó una guerra particular contra la desinformación.

“En el caso de brotes de rápida evolución, hay muy poca diferencia entre propagar deliberadamente información errónea y hacer circular afirmaciones falsas que han sido comunicadas con buenas intenciones, pero que pueden terminar siendo perjudiciales”, expresó el titular del mayor organismo internacional en materia de salud. Y completó la idea: “Los Gobiernos y las empresas tecnológicas deben hacer su parte para hacer frente al primero de esos problemas, pero todos, editores o usuarios de redes sociales, debemos estar atentos a la información que divulgamos y promocionamos”.

Después de dos meses de confinamiento, de la pérdida irreparable de miles de personas, de la hiperexposición a la tecnología, de las teorías conspirativas, de las videoconferencias, de los barbijos y el alcohol en gel, de la hiperactividad de los grupos de Whatsapp, de la recuperación de muchos hábitos personales y familiares, y el renacer de la naturaleza, una postal que quedará para siempre en nuestras retinas será el bombardeo informativo: a veces de calidad, otras chatarra, con voces autorizadas y otras no tanto, pero siempre con periodistas profesionales que buscan correr el velo de la realidad cotidiana.

La infodemia que supimos conseguir puso a prueba nuestra capacidad crítica y nos llevó también a exigir que las voces gubernamentales, además de comunicar de manera unidireccional, permitieran ejercer el derecho a la pregunta y la repregunta, tan necesarias en un contexto en el que se adoctrina a la sociedad para que consuma exclusivamente información proveniente de fuentes oficiales.

Pero no todo es mala noticia alrededor de la noticia coronavirus: una gran cantidad de usuarios se volcó en plataformas y redes sociales para contar sus vivencias, expresar opiniones e interactuar con otras personas de diferentes lugares del mundo; los medios de comunicación batieron récords de audiencia y suscripciones; los científicos se convirtieron en las nuevas referencias y voces autorizadas, incluso como columnistas de muchas organizaciones de prensa; las plataformas de chequeo emergieron una vez más como actores esenciales para desactivar bombas de humo y contribuir a la concientización de la ciudadanía, entre otras.

También encontramos en esta historia de final incierto algunos antídotos contra la infodemia, entre ellos aprender a desconfiar sobre lo que circula en las redes y activar el chequeo; intentar no compartir cadenas de Whatsapp y audios sin conocer la fuente original; no prestar atención a los mensajes que intentan infundir pánico y paranoia global; elegir entre marcas informativas asociadas a la calidad y la investigación profunda; entender que existen otras fuentes confiables además de los sitios oficiales de los organismos sanitarios. 

En síntesis, bienvenido el neologismo si gracias a su aparición emerge un escenario de producción, distribución y consumo de contenidos que permita construir una sociedad democrática más atenta y comprometida con sus intereses (y deseos) informativos.

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