Florencia Coll

Florencia Coll: “¿Qué ruido me provoca tapaboca?”

27 may 20

Florencia Coll es periodista y licenciada en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario. Mg. en Género y Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Docente y directora de un periódico feminista transoceánico: Femiñetas. Se suma a “Pandemia: las palabras y los signos de estos tiempos” con la palabra “tapaboca”.

 

Por Florencia Coll

 

“Un guardia de supermercado obligó a una clienta a colocarle un tapaboca”. “La ONU invita a mujeres a intervenir tapabocas por la violencia de género”.

Son solo algunos titulares que se pueden encontrar en las más de 14 millones de entradas que aparecen con la palabra tapaboca en el motor de búsqueda de Google.

Una palabra —de las tantas— que en estos días se incorporó a partir del avance inusitado de la covid-19.

El término aparece en el diccionario como “máscara quirúrgica, barbijo, mascarilla, cubrebocas o tapaboca; tipo de máscara utilizada por cirujanos y personal médico en general durante una cirugía, para contener bacterias provenientes de la nariz y la boca”.

Si consultamos en la RAE, se detalla:

1. m. Golpe que se da en la boca con la mano abierta.
2. m. tapabocas (‖ bufanda).
3. m. coloq. Razón, dicho o acción con que se hace callar a alguien, especialmente cuando se le convence de que es falso lo que dice.

Algunas de esas acepciones (1 y 3) aparecen en las crónicas policiales y en las historias de violencia machista que se escriben a diario en redacciones de diferentes sitios del mundo y que durante la cuarentena también se multiplicaron porque muchas mujeres quedaron confinadas en el encierro junto con sus maltratadores.

¿Qué ruido me provoca tapaboca? ¿Creen que es una elección casual? ¿Me convertíen una conspiranoica del uso de las palabras?

Me angustia. La tengo atragantada. Ni siquiera puedo pronunciarla. Y no por una disfunción fonética, sino por una disquisiciónsemántica.

¿Será por la perturbadora potencia significante? ¿Por tanta incertidumbre en medio de esta pandemia global?

Al intentar pronunciarla o al querer escribirla, el verbo tapa y el sustantivo provoca. Quizás, porque no existen usos casuales o inocentes en la insistencia de su utilización. El uso de ese objeto ya es obligatorio en la mayoría de los países afectados.

“Es arbitrario el signo”, decía Ferdinand de Saussure. Y en estos días de tanto silencio e incertidumbre, este dispositivo que ya es parte del traje de nuestra nueva cotidianidad necesito que sea nombrado de otra forma.

El término barbijo es más formal y la palabra mascarilla es otra de las formas de mencionarlo.

La elección de unas palabras en lugar de otras se establece por convenciones sociales, por adaptación a la época, por demanda de nuevas generaciones y porque sí se convierte en una formalidad.

Como detesto la palabra tapabocas tanto como al mismísimo virus, en épocas de desconcierto informativo necesito volver a la poesía. Resistir la simbolización y evocar desde el lenguaje poético ese mundo que espera ser desenterrado.

Como escribió Alejandra Pizarnik, “cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”. Y así. Con las palabras y también con los silencios.

Ver todas